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Eugenio Santiago, guitarrista flamenco

Eugenio Santiago GuitarristaEugenio Santiago, guitarrista flamenco 

Eugenio Santiago cogió por primera vez una guitarra a los ocho años. Su padre, Leónides Santiago, fue su mentor y maestro hasta los doce años, momento en que empezó a recibir instrucción del maestro Luis Reinaldos durante varios años.

A día de hoy, y con sólo 25 años, Eugenio es considerado por expertos como una de las figuras más prometedoras de las nuevas generaciones de guitarristas de Barcelona. Guitarrista versátil, posee un soniquete fuera de lo común y conoce y es capaz de acompañar todos los palos del flamenco.

A lo largo de su carrera ha sido reconocido con varios galardones, entre ellos podemos mencionar el segundo premio del certamen internacional de Hospitalet y también el primer premio al mejor acompañamiento al cante por bulerías.

Ha trabajado en los principales tablaos de la península, incluyendo Tablao Cordobes, y también ha tocado en la Suma Flamenca de Madrid.

Respecto a sus compañeros sobre el escenario, Eugenio ha compartido tablas con artistas de la talla de Farru, Joselillo Romero, Juan de Juan, Belén López, Morenito de Illora, Simón Roma, y un largo etcétera.

Este joven guitarrista llega a Tablao Flamenco Cordobes para terminar de aprender el oficio de guitarrista flamenco.  No tenemos ninguna duda de que se convertirá en uno de los máximos representantes de la guitarra flamenca en Barcelona durante los años venideros. 

 

El Flamenco; La Guitarra Flamenca

Su origen proviene de la cítara griega, la crotta romana y la vihuela medieval. Según varios estudiosos, la guitarra nos llega a través de un determinado tipo de laúd de largo mástil que fue introducido en la península ibérica durante la dominación árabe, dándose la circunstancia de que al traer los musulmanes su instrumento, se encontraron la vihuela, que ya poseían los españoles, de origen grecorromano.

Los primeros en dar a conocer popularmente el laúd y la vihuela fueron los juglares, que acompañaban sus polifacéticas habilidades con el instrumento, cantos, bailes, bufonadas, poemas de trovadores traducidos en canciones, pregones, etc. Pero sería a finales del siglo XVI cuando definitivamente este instrumento que sólo poseía cuatro cuerdas adquiere el nombre de guitarra española, atribuyéndose a Vicente Espinel (1550-1624) la incorporación de la quinta cuerda, que recibe el nombre de prima.

En el siglo XVII, el aragonés Gaspar Sanz escribe el primer tratado sobre técnica instrumental, que servirá de inspiración para todos los guitarristas venideros. A mediados de ese mismo siglo decae la afición por la guitarra ante el auge que experimentan el piano y el violín. En el siglo XVIII el padre Basilio, que fue profesor de la reina María Luisa, esposa de Carlos IV, le añade el bordón quedando así completada con seis cuerdas, como se la conoce actualmente.

Tres grandes figuras aparecen en el ambiente guitarrístico del siglo XIX: el madrileño Dionisi Aguado (1784-1849), compositor y difusor por toda Europa de su ingeniosa translación a la guitarra de las obras de Beethoven, Haydn, Mozart, etc… fue autor de un método de guitarra y un tratado de armonía que aún se utilizan; y el castellonense Francisco Tárrega (1852-1909), que siguió los pasos de su antecesor Fernando Sort. Rescató nuevamente la guitarra de su decadencia, pues se la consideraba peyorativamente como un instrumento populachero por estar en manos del pueblo gitano y ambientes tabernarios, sobre todo entre el auge que tomó el sinfonismo y la ópera italiana.

El compositor y ejecutante Tárrega marca toda una época de esplendor, a él se debe la creación de la moderna escuela de guitarra. Sus transcripciones de las obras clásicas y sus inspiradísimas composiciones Recuerdo de la Alhambra, Danza mora, Capricho árabe, etc… no han faltado nunca en los conciertos de Andrés Segovia, Renata Tarragó, Narciso Yepes, Francisco Garrido o Rafael Rico. Estas piezas, adaptadas a la guitarra flamenca en sus partituras por cifras para los que se niegan a solfear, figuran también en el repertorio de grandes intérpretes flamencos.

La guitarra flamenca, que en nada se diferencia en su formato de la clásica, florece a mediados del siglo XIX con la apertura de los cafés cantantes. En estos intuitivos tocaores analfabetos en solfeo, pero con prodigiosa inspiración, al hermanarse el cante, el baile y el toque, producen una fascinante seducción en la configuración del arte flamenco.

Vicente Escudero hablaba en su día de una cierta enemistad entre la guitarra clásica y la flamenca: los artistas clásicos acusaban a los flamencos de ignorar la música, de no seguir regla ninguna, la consideraban una guitarra plebeya e inculta. Por su parte, los flamencos tildaban a los artistas clásicos de puros intelectuales, excesivamente refinados y faltos de nervio, y reclamaban para sí el carácter puramente español de la guitarra flamenca. Pero a pesar de este declarado antagonismo, una y otra se mezclaron, se influyeron y se enriquecieron mutuamente.

Ramón Montoya Salazar (Madrid 1879-1949) es uno de los mejores guitarristas de todos los tiempos. Logra renovar y dignificar la guitarra flamenca, elevarlo al lugar que se merece, y crear una escuela de la que van a beber los grandes artistas flamencos venideros como el Niño Ricardo, Sabicas y un interminable listado hasta llegar a Paco de Lucía, con el que empieza una nueva historia de la guitarra.