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Manuel de la Nina, cantaor flamenco

Manuel De La NinaManuel de la Nina, cantaor flamenco

Debutó en el año 2001 con tan solo 8 años en la Bienal de Sevilla en el Teatro Lopez de Vega de la mano de Manuel Moreno Junquera “Moraito chico”, en el espectáculo trilogía que se realizó en el Teatro Maestranza de Sevilla. Un año después, en 2002, Juan Carlos Pantoja, creó una fundación cultural flamenca en la sede de la peña Terremoto, actuó entre otras en el Teatro Villamarta haciendo la función de villancicos navideños y en el que contó también con la ayuda de Don Antonio Gallardo para realizar la obra de Jerez a New York.

En 2007 se presentó al concurso nacional de cante de la peña Camarón de la Isla en San Fernando, donde obtuvo el 3o premio. Ese mismo año se formó el grupo Soniquete que duró hasta 2012. En 2011 participó en el disco de Asignatura Flamenca del grupo Soniquete donde cantó por solea, fandango y bulerías. Comercializaron este disco por Bucarest, Francia, Madrid, Sevilla, Córdoba...

En 2012 empezó su andadura en solitario, donde estuvo en peñas jerezanas como la peña de Pepe Alconchel, peña de la Buleria, peña Tio José de Paula, peña el Pescaero, peña Los Cernicalos, peña Don Antonio Chacón y peña de La Buena Gente. También ha estado en la peña Linense y la de Camarón en San Fernando.

En 2014 asistió al Teatro Villamarta de Jerez, por la fecha de las navidades con una función creada y dirigida por Pepe del Morao, donde tuvo un éxito fabuloso con el espectáculo llamado Molchibe Calli.

En 2016 formó parte de una gira por los E.E.U.U. donde estuvo en 17 estados, de la mano de la compañía ballet flamenco José Porcél. Con una duración de 2 meses y medio. A finales de ese mismo año participó en Los Viernes Flamenco y en La Gran Fiesta de la Bulería.

Ganó el premio revelación a la mejor saeta por seguiriya del estilo Manuel Torres que tuvo lugar en la peña buena gente.

En 2017 saco un disco llamado Pasaje en el tiempo con compañeros como Rafael del Zambo, Enrique Remache y Fernando del Morao, con la participación especial de Diego del Morao y Manuel Parrilla. Este disco se presentó en la Sala Compañia en el Festival de Jerez y ese mismo año también hizo una pequeña gira por Bruselas pisando la catedral de la misma.

Cabe destacar también que durante su carrera ha acompañado en diversas ocasiones a Antonio Reyes en la Bienal de Málaga y en el festival de Casa Bermeja.

En las fiestas navideñas María José Santiago le brindó la oportunidad de acompañarla a grandes teatros como son el Teatro Villamarta de Jerez, el Gran Teatro de Málaga y el Teatro Fibes de Sevilla.

Ha participado en el gran festival Gran Reserva “Honores a Moraito “en la Plaza de Toros de Jerez compartiendo cartel con grandes artistas de la talla de Pansequito, Juanito Villar, Juana del Pipa, La Macanita, Rancapino chico, Antonio Reyes y la gran maestra Manuela Carrasco.

 

 

MANUEL DE LA NINA: “PARA SER CANTAOR HAY QUE SALIR DE JEREZ”

Debutó de la mano de Manuel Moreno Junquera ‘Moraíto Chico’ en el sevillano teatro Lope de Vega cuando apenas tenía ocho años. En ese espectáculo, titulado ‘Trilogía flamenca’ (2003), participaban Tomasa ‘La Macanita’, Luis ‘El Zambo’ o Tía María Bala, entre otros. Desde entonces, Manuel Marín Valencia (Jerez, 1995) no ha dejado de mostrar sus amplias facultades en el cante flamenco, por lo que, a pesar de su edad, tiene claro que “quiero vivir de esto”. Recuerda con especial cariño su relación con Fernando Terremoto, quien fue “el que me enseñó a cantar por malagueñas”. Se encuentra ilusionado tras conseguir grandes éxitos en una gira por EE.UU. con el bailaor sevillano José Porcel. Para comenzar, ¿cómo surge lo de Porcel? Todo viene a través de Pepe del Morao. Entre ellos se conocían y ya estuvieron hace cuatro años realizando la misma gira por Norteamérica. Cuando José Porcel quiso contar con Pepe de nuevo, además le dijo que necesitaba dos cantaores para hacer algo nuevo. Por lo tanto, Tomasa Peña y yo dijimos que sí cuando Pepe nos lo contó, yo encantadísimo. He cumplido mi sueño al visitar EE.UU., porque para mí, más que ir a trabajar lo que he hecho ha sido disfrutar. ¿No le teme usted a las alturas, a los vuelos y a la distancia? Sabe que los artistas de Jerez suelen pecar un tanto de localistas… Pues si te soy sincero no. Y han sido dos meses los que he estado fuera, pero desde siempre he tenido claro que quiero dedicarme al cante y entiendo que para eso es necesario salir de Jerez. Además, me gusta viajar y conocer mundo. Me encantaría trabajar en Japón, por ejemplo. Lo que se echa de menos es a la familia, sobre todo, y a los amigos. A mí me llamaban todos los días desde Jerez y no se me hacía tan duro. O sea, que volvería a irse con los ojos cerrados… Seguro que sí. En las condiciones que he ido, con Pepe y Tomasa, voy al fin del mundo. Se disfruta mucho de esos escenarios tan grandes, de esa cantidad de público que sigue el espectáculo, de la cultura de otros países… He recorrido California, San Francisco, Detroit, Houston y muchas más ciudades. Lo que te decía antes, que tengo claro que la maleta hay que cogerla y hacer el camino, nadie va a venir a regalarme nada. Lo bueno es que se trabaja casi a diario y eso te enseña la disciplina, he hecho 42 galas en 60 días. ¿Se nota mucho la diferencia del público de allí con el de España? A ver, no es el mismo. Tienen otra filosofía cuando van a escuchar el cante. También te reconozco que allí iban a ver el espectáculo de baile, que no es sólo flamenco, sino también contemporáneo o danza. Recuerdo que al terminar una de las galas en San Francisco vino un hombre a darnos la enhorabuena y comenzó a hablar conmigo. Empezó a decirme cosas de Tomás Pavón, de cómo hacía los cantes, de Manuel Torres, Tío José de Paula, de la seguiriya del Marrurro… me quedé con la boca abierta. ¿Cree que es la única manera, la de salir fuera, de poder comer del cante? Económicamente claro que merece la pena. Lo que se gana en una gira de estas si te quedaras por aquí no lo ganas ni en un año, sobre todo porque no hay trabajo. Vuelvo a lo mismo, en Jerez hay muchos cantaores y debemos entender que no hay trabajo para todos. Gracias a Dios tenemos una vía de escape a otros puntos del mundo y no hay que temerle. Yo me he sentido como un artista en los camerinos, con dietas, hoteles, sueldo… Con apenas veinte años ya ha cruzado el charco, pero ¿cuándo fue la primera vez que se subió a un escenario? Fue en el 2003, en un espectáculo que llevó Moraíto a la Bienal de Sevilla. Me escuchó unos meses antes en la comunión de su hija, mi prima Teresa, y allí me dijo algo muy gracioso: “te vas a venir conmigo a cantar a una gañanía”. Y yo le dije que sí encantado, tenía ocho años y no me daba vergüenza. Pero además él tuvo arte porque me lo explicó de tal manera, que cuando me di cuenta estaba en el escenario del Lope de Vega, y como estaba decorado con paja y demás, él me dijo: “ves sobrino, estamos en una gañanía, así que a cantar” (risas). Ya luego comencé con el grupo ‘Sonikete’ con Carlos Peña, también en la peña de Terremoto con más jóvenes en un taller flamenco… Vaya, que su debut fue a lo grande… Sí (risas). El espectáculo se llamaba ‘Trilogía Flamenca’, y en el espectáculo también estaban Macanita, Luis el Zambo, Diego de la Margara, Tía María Bala, Fernando de la Morena, Tío Paulera, Tío Enrique Manuel Soto… fue un éxito. Ya luego me llevó Carlos Peña a casa de Fernandito Terremoto en Sevilla y él me puso a cantar por malagueñas, soleá… eso también me marcó mucho. Él iba a ser mi padrino artístico. ¿Y de dónde le viene a Manuel de la Nina la afición al cante flamenco? Pues de mi familia, de las vivencias de pequeño. Mi madre es de Santiago y mi padre de San Miguel. Yo soy bisnieto del Pastilla, un gitano de la Plazuela que me dicen que ha sio uno de los mejores bailaores que ha dao Jerez. Y mi madre es prima de los Sorderas, también soy Valencia, apellido de Mojama… en fin. Mi tío es el Quini, que me ha enseñado muchas cosas. Hay que decir que Manuel de la Nina, antes fue Manuel de la Chochete… ¿por qué se cambió el apodo artístico? Porque una noche en un Viernes Flamenco pasé mucha fatiguita. Yo iba cantándole a Fernando Jiménez y cuando el presentador dijo mi nombre, mucha gente empezó a reírse porque le hacía gracia lo de ‘Chochete’. Y me dio mucha vergüenza salir al escenario. Entonces decidí que había que solucionarlo, me puse el de mi mare Nina. Antes estaba el Peste, el Batato, el Borrico, Torta, Agujetas… y nadie se reía, pero los tiempos han cambiado. “YO INTENTO ESCUCHAR A TODOS LOS CANTAORES PARA APRENDER DE TODOS ELLOS ALGO” Para ser artista, ¿hay que serlo y parecerlo? Desde luego hay que serlo. Yo intento escuchar a todos los cantaores para aprender de todos ellos algo. Luego no hace falta que se hagan los cantes de cada uno de ellos, pero sí saber cómo lo hacían y porqué, por si algún día estás en una conversación y no sabes ni lo que están hablando. Lo mismo escucho a Camarón, mi ídolo, que a Antonio Mairena, Caracol, Paquera, La Perla, Niña de los Peines, Tomás Pavón, Manuel Torres, Chacón… Y luego hay que parecerlo. Yo por ejemplo me cambié el sobrenombre, he perdío muchísimos kilos, ahora me pondré aparatos en los dientes, todo pa estar en el escenario en condiciones. No es lo mismo cantar un martinete con la talla 48 que con la 56. ¿Cuál es la forma que tiene Manuel de aprender a hacer los cantes? Pues le doy mucha importancia a lo que me cuentan los mayores de la familia o los buenos aficionados. Luego gracias a Internet tenemos la suerte de poder escuchar a la mayoría de cantaores, páginas que te dicen cómo se tienen que hacer los cantes. Lo que más me gusta es charlar en una juerga con los viejos y escucharles cantar, creo que la convivencia en esos ratos de fiesta es importantísima. Ahí es donde se puede escuchar al Mijita, o Marsellés, o al Pititi del Puerto, que son cantaores para escucharlos en fiestas y aprender a cantar por bulerías. Me gustaría que Jesús Méndez me pusiera algunas cositas y aprender con él. Ha pasado usted por algunos tablaos, ¿cree que es necesario para adquirir conocimientos en otras disciplinas? Totalmente. Estuve en la Taberna Flamenca de Santiago con mi primo Maloko que me llevó. Y cuando empezaron a bailar por soleá me vi perdío. No tiene ná que ver cantar para el baile que como solista. Es bueno pasar por tablaos porque te abre el abanico de cantes. Yo desde que estuve en la Taberna comencé a cantar por alegrías, que al principio no me gustaban nada, ahora sí. Luego ya ahí le metes las romeras, cantiñas, mirabrás… lo mejor que pude hacer es estar en el tablao. Manuel, háblenos de proyectos… ¿su primer disco a la vista? ¡Qué va! (risas). Íbamos a hacer un disco entre Rafael del Zambo, Enrique Remache, Manuel Moneo (hijo de Luis Moneo) y yo, pero se quedó parado. No es que yo esté ahora mismo loco por meterme en un estudio, creo que me queda mucho por aprender para que pueda grabar, soy muy joven. Y de proyectos no hay demasiado. Cantar a algunos bailaores, y esperando que cuenten conmigo en alguna peña jerezana. A mí me encanría estar en el Festival de Jerez o en la Fiesta de la Bulería, ahí el dinero sería lo último en lo que pensaría. Para terminar. Con la muerte de Manuel Agujetas dicen muchos que el cante se ha acabado, ¿qué tiene que decir ante esa afirmación un joven como usted que está empezando? Yo creo que como Manuel no va a nacer otro. Eso está claro. Pero tampoco puedo decir que el cante se ha acabado sino sería echarme tierra encima (risas). No hay que cantar como Agujetas porque eso es imposible, pero bueno, intentaremos tener personalidad a la hora de cantar y tenerlo siempre en la memoria. Yo desde luego no me veo cantando otra cosa que no sea ‘cante puro’ como muchos lo llaman.